El uso de cuentas “mulas” en México ha aumentado significativamente en los últimos cinco años, creciendo 4,5 veces. Estas cuentas son operadas por personas que, por necesidad económica, extorsión o engaño, ayudan a mover dinero del narcotráfico y otras actividades ilícitas, usualmente en cantidades pequeñas pero constantes.
Entre 2021 y 2024, una presunta “mula de dinero” permitió el blanqueo de al menos 2,6 millones de dólares de organizaciones delictivas mexicanas. La persona abrió cuentas en bancos de California, realizó cientos de depósitos en cajeros automáticos y decenas de transferencias electrónicas hacia Intercam, uno de los bancos intervenidos recientemente por las autoridades mexicanas. Otro caso similar involucra 1,4 millones de dólares en múltiples movimientos hacia la misma institución.
Estos ejemplos muestran cómo las cuentas mulas operan de manera discreta pero sistemática, convirtiéndose en un riesgo real para el sistema financiero.
Según LexisNexis, hay dos modalidades principales:
“El fraude digital se mueve rápido, porque el objetivo es dispersar los fondos cuanto antes. En el caso del narcotráfico, la operación es más estructurada y lleva tiempo organizarla y reclutar mulas”, explica Óscar Flores, consultor en fraude e identidad.
Los montos involucrados suelen ser menores a 100.000 pesos, suficientes para operaciones como pago de sueldos o adquisición de armas, señala Miguel Ángel Ruíz, experto en crímenes financieros. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha identificado que empleados, amas de casa o estudiantes en zonas de riesgo son comúnmente reclutados para estas operaciones.
El lavado de dinero representa entre el 1,5% y el 5% del PIB anual, según distintas estimaciones. La detección es complicada: menos del 10% de las mulas identificadas son detenidas y menos del 1% enfrenta cargos.
El caso reciente de Intercam, CIBanco y Vector Casa de Bolsa evidenció la presión de las autoridades: bancos corresponsales en Estados Unidos suspendieron operaciones, y el SPEI bloqueó transferencias, dejando a las instituciones aisladas y forzando la intervención administrativa.
Carlos Santa Cruz, fundador de Lynx Tech, explica que las cuentas mulas siguen un patrón claro: el dinero entra y sale repetidamente. Herramientas de inteligencia artificial y análisis de datos permiten hoy monitorear estos movimientos en tiempo real, aunque requieren colaboración activa de los bancos y supervisión regulatoria.
“El lavado de dinero no funciona como el fraude: mientras más dinero entra al banco, mejor. Por eso es vital que los reguladores impongan sanciones y medidas efectivas”, concluye Santa Cruz.
Las cuentas mulas representan un riesgo creciente en el sistema bancario mexicano. La combinación de vulnerabilidad económica, extorsión y tecnología sofisticada hace que detectar estas operaciones sea un reto constante. La cooperación entre bancos, reguladores y herramientas tecnológicas avanzadas es fundamental para frenar el lavado de dinero y proteger la integridad del sistema financiero.
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